Nunca me había fijado en lo difícil que es ponerse en la
situación de otra persona. Si nos referimos a la amistad, la verdad es que me
parece más sencillo ponerme en el lugar de la otra persona, me cuesta menos
derribar mi muralla y ponerme al otro lado para verme desde fuera. Cuesta
trabajo, si , pero la mayoría de veces soy capaz de ver el daño que puedo hacer
mediante palabras o gestos y por eso estoy en proceso de aprender a medirlas.
Todo cambia cuando hablamos en una situación de pareja. Hoy mismo me he dado
cuenta de el daño que le hice a la persona que me quería. Le traicioné.
Cuando crees querer a alguien no te ves capaz de darle la
espalda para compartir intimidades con otras personas, pero al fin y al cabo,
casi todos pasamos por eso alguna vez y yo lo pase con la persona a la que más
he querido nunca. Mi error fue garrafal, pero hoy mismo he descubierto por mi
misma que no es lo mismo traicionar a una persona sin que lo vea y después
contárselo a que lo viva y lo vea con sus propios ojos. Hoy, he descubierto lo
duro que es y lo que probablemente tuvo que pasar él en aquel momento.
Ahora entiendo porque no quería volver a dirigirme la
palabra porque es una forma de demostrarle a una persona lo poco que te
importa, sea o no así. Yo lo hice , y solo pido que no lo hagáis porque el
sentimiento de culpa es enorme y sobre todo cuando el error que cometiste lo
cometen contigo.
Duele.
Duele mucho. Demasiado.
Es un golpe muy fuerte y difícil de asimilar. Además, genera
una gran falta de confianza en esa persona. Es una cagada.
En fin, a mí me sirvió como lección , ya que ahora ya se que
no volverá a ocurrir con ninguna persona y también me dí cuenta de lo mucho que
le quería y le quiero. Todo se demuestra con palabras, gestos y hechos, y si
somos capaces de cometer errores con una acción, también somos capaces de
solucionarlos con otra.
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